Lo que se puede contar con alimentos…

 

huevos

 

Je vous mets au défi de traduire le texte ci-dessous (ou du moins une partie) en français ou en anglais ! Les langues de Molière et de Shakespeare sont-elles aussi imagées que celle de Cervantes ?  Nous nous ferons un plaisir de publier certaines de vos productions sur le blog.

Bon nombre des équivalences en français des expressions de cette mini-histoire figurent dans l’ouvrage : Expressions idiomatiques francés-español, publié chez Espasa.

Nous remercions vivement notre amie Thérèse Ravit pour ses jolies illustrations. Mais là n’est pas son seul talent 😉 

 

Pepe solo ve a su madre Juana de higos a brevas. Sin trabajo en Granada, fue a intentar ganarse el pan a Madrid, la capital.

Ahora, después de unos cuantos años sin verla, viene a visitar a su madre, y a pedirle algo de…pasta.

Lo que no sabe ella, es que si es cierto que Pepe ha encontrado fortuna – es un decir, muy poca fortuna en realidad – ha sido montando un negocio de carne humana. Ha abierto un local, una especie de café, muy cerca de la Casa de Campo, donde supuestamente se dan clases de salsa y merengue.

Cuando hable con su mamá, que no tiene ni una pizca de tonta, tendrá que andar pisando huevos, para que ella no descubra el pastel

Ya está llegando…desde lejos divisa a su madre en la puerta de la casa, oteando el horizonte. Uff, hoy no parece de mala leche. Sería capaz de darle una torta por cualquier motivo y frente a ella, a pesar de sus cuarenta años y pico, siempre se siente como un niño pequeño.

Su madre nunca ha sido muy dulce que digamos, pero con los años, parece que se le sube la mostaza a las narices cada dos por tres. Juana se quedó viuda muy joven, entonces con su único hijo, cuando él era pequeño, eran uña y carne. Pero cuando él entró en la edad del pavo, cambiaron las relaciones radicalmente.

Aunque Pepe nunca había sido un hueso duro de roer, empezó a portarse como un chorizo y a beber, a beber hasta el agua de los floreros.

En aquel entonces, no le importaba un rábano lo que la gente pensase de su comportamiento. Cuando le interrogaban decía que necesitaba beber para pasarlo pipa y olvidarse de que en su barrio siempre se había aburrido como una ostra.

Esa mala racha le duró hasta que un día, mientras iba bien cocido, bajando a toda pastilla la escalera de caracol de la casa de la joven vecina (a quien habían puesto nombre de bombón, Cerecita), se pegó una leche que le dejó frito.

tomate

 

Al llegar a Granada, se dio cuenta de que estaba hecho polvo, de mala uva y encima sudando como un pollo. Pues claro, hacía 42 grados. Había salido de su casa a toda leche, pensando “¡Ostras! Como no me dé prisa, voy a perder el tren. Entre el piso y la estación de metro Batán, se le cayó encima un chaparrón que no veas. Suele haber tormentas a finales de junio en Madrid. Entró en el metro hecho una sopa. Con el aire acondicionado a toda castaña, iba a quedarse helado, pensó. Menos mal que era hora punta, así que estaban todos como sardinas en lata y se calentó en un pispás.

Quiso encontrar el sitio más cómodo en el metro, aunque fuese imposible sentarse. Sintiéndose siempre como un rey, empezó a hacer codos para abrirse camino sin importarle un pepino que las personas a su alrededor protestasen. Lo único que se le ocurría contestarles era frases tan amables como ¡Vete a freír espárragos! o ¡qué te den morcillas! Ya sabéis, en España, todo el mundo se trata de tú…

Total, después de un viaje en el AVE que le costó un huevo, por fin está llegando a casita…Pero su madre no está sola. ¿Quién será esta chica morena a su lado que está para mojar pan?

– Hola hijo, ¡cuánto tiempo sin verte!, exclama su madre, estrujándolo hasta asfixiarlo. ¡Pero si estás hecho un fideo!, ¿qué te ha ocurrido? Pero no pasa nada, cariño, ¡no te comas el coco con eso! Con los platitos exquisitos que te voy a preparar, en nada de tiempo, volverás a comer como una lima, como antes…

Pepe no la escucha. Se ha puesto rojo como un tomate, no puede quitarle ojo al bombón envuelto en un vestido cortísimo de color frambuesa a quien acaba de reconocer. Es Cerecita, la hija de los vecinos. No se lo puede creer, ¡qué bien ha crecido la muy …! Su imaginación exaltada por el calor se dispara. Está seguro de que acaba de encontrar a su media naranja…ya tiene ante los ojos las fotos color sepia de la futura boda, ya se ve llevándola de luna de miel a Macedonia.

¿Me oyes, chiquillo? Su madre sigue pegando voces en sus oídos, y le trae de nuevo en tierra firme…fue un mero sueño, pero bonito

Ahora va a tener que contarle su vida madrileña a su madre, sin meter la gamba

 

fideo

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